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Devoluciones: el número que no mirás de tu operación

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Portada del artículo sobre devoluciones en e-commerce, con el título sobre un fondo azul oscuro y una forma naranja de planos superpuestos

Probablemente sepas tu tasa de conversión con dos decimales. Probablemente no sepas qué porcentaje de lo que despachaste el mes pasado volvió, ni por qué, ni dónde está ahora.

No es descuido. Es que toda la instrumentación de un e-commerce está construida para mirar en una sola dirección: hacia la venta. Lo que vuelve entra por una puerta que casi nadie midió.

Una devolución ya te costó dos envíos

Cuando un producto vuelve, el costo no arranca ahí. Ya pagaste el envío de ida, el armado del pedido, la comisión del canal —que en varios casos no se reintegra completa— y ahora pagás el traslado de vuelta. El producto, mientras tanto, no está disponible para vender.

Esa última parte es la que menos se contabiliza y suele ser la más cara. Una unidad en tránsito de retorno, o esperando revisión en un rincón del depósito, es capital inmovilizado que además no figura en ningún reporte. No está vendida y no está disponible: está en un limbo que tu sistema de stock probablemente no modela.

El piso legal no es negociable

En Argentina la devolución no es una política comercial que definís vos: hay un mínimo que fija la ley y conviene conocerlo antes de diseñar el proceso.

El artículo 34 de la Ley 24.240 le da al comprador 10 días corridos para revocar la aceptación, contados desde que se entrega el bien o se celebra el contrato, lo que ocurra último, y sin expresar motivo. Y define quién paga: los gastos de devolución corren por cuenta del vendedor.

La Resolución 424/2020 agrega la parte operativa. El "botón de arrepentimiento" tiene que estar accesible de forma fácil y directa desde la portada del sitio, en un lugar destacado. No podés pedir registro previo ni ningún trámite para usarlo. Y una vez que el cliente lo activa, tenés 24 horas para informarle, por el mismo medio, un código de identificación de la revocación.

Dicho de otro modo: el proceso de devolución te va a existir aunque no lo hayas diseñado. La única decisión real es si lo tenés medido o si te enterás por un reclamo.

Lo que vuelve no es stock hasta que alguien lo mira

Acá está el cuello de botella que casi nadie instrumenta. Entre que el producto sale de la casa del comprador y vuelve a estar disponible para vender hay una cadena de pasos que suele ser manual y opaca: retirarlo, recibirlo, revisar en qué estado está, decidir si vuelve a stock vendible, y recién ahí darlo de alta.

Cada día que esa cadena tarda es un día de un producto que pagaste dos veces mover y que no podés vender. En categorías con temporada —indumentaria es el caso obvio— un retorno que tarda tres semanas en reingresar puede volver justo cuando ya nadie lo busca.

Lo que hace la diferencia no es la velocidad de un paso, es que el circuito esté cerrado: una colecta en el domicilio del comprador que termine en un ingreso al depósito y en una actualización de stock, sin que nadie tenga que acordarse de avisar por WhatsApp.

Los cuatro números que deberías tener

  • Tasa de devolución por producto, no general. El promedio de tu tienda no sirve para decidir nada. El dato accionable es cuál de tus productos vuelve tres veces más que el resto.
  • Motivo, categorizado. "Devolución" no es un motivo. Talle equivocado, no era lo que esperaba, llegó dañado y me arrepentí son cuatro problemas distintos con cuatro dueños distintos.
  • Días desde que se pide hasta que reingresa a stock vendible. Es la métrica que mide tu proceso y no tu catálogo, y suele ser la peor.
  • Porcentaje que vuelve a stock vendible. Si de cada diez retornos sólo seis se pueden revender, el problema puede estar en el embalaje o en la revisión, no en el producto.

Los motivos te dicen dónde está el problema

Cuando el motivo está categorizado, el diagnóstico casi se escribe solo.

Si domina "no era lo que esperaba", el problema está en la ficha: fotos, descripción, tabla de talles. Es el más barato de arreglar y el que más se ignora, porque se ve como un problema de devoluciones y en realidad es un problema de catálogo.

Si domina "llegó dañado", mirá el embalaje antes que al transporte. Suele ser más barato mejorar cómo se protege el producto que cambiar de operador logístico.

Si domina el arrepentimiento sin motivo, eso es el piso natural del canal y no se elimina: se administra. Ahí la palanca es que el circuito sea rápido y barato, no que el cliente desista.

Empezá por medir, no por optimizar

Si hoy no tenés ninguno de esos cuatro números, no arranques rediseñando el proceso. Arrancá registrando el motivo de cada devolución durante un mes, aunque sea a mano. Es la información que te va a decir si tu problema es de catálogo, de embalaje o de proceso, y evita que optimices la parte equivocada.

Las devoluciones no son una falla de la operación. Son parte del costo de vender online, igual que el envío. La diferencia es que el envío lo tenés costeado y las devoluciones, casi seguro, no.